"A Luzbel no la vio todavía porque no sale nunca. El holandés del palito sí sale, pero Luzbel no sale. Ni los domingos. No la puede ver por la calle, ni en una tienda, ni en una iglesia, ni visitando un museo, ni en una confitería. Y para visitarla hay que saber la contraseña." "¿Cuál es la contraseña?", preguntó el viajero, que ahora no podía disimular su interés. "Un verso", respondió su informante. "Pero no cualquier verso. El verso cambia cada pocos días. Ella lo pronuncia detrás de la puerta, y si usted sabe cómo sigue, tendrá acceso a la casa, de lo contrario deberá irse. Y Luzbel es implacable. No perdona a nadie que no sepa cómo sigue. Al otro día, toda la ciudad sabe que usted es un ignorante que no supo continuar el verso. Luzbel se burla de todos sus amantes fracasados." Al viajero le pareció una prueba llena de azar, y trató de que su interlocutor siguiera con el relato. "
Cristina Peri Rossi, "La ciudad de Luzbel"
Nada va a ser nunca mas, solo suena en la distancia.
martes, 6 de octubre de 2015
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