«Debería calmarme un poco», pensó Katagiri.
—¿Puedo fumar?
—Faltaría más, faltaría más —respondió Rana afablemente—. ¿Acaso no está usted en su casa? No tiene por qué ir pidiéndome permiso. Fume o beba tanto como le plazca. Yo no fumo, pero tengo el suficiente sentido común como para no ir esgrimiendo mis derechos de no fumador en casa ajena.
Katagiri se sacó del bolsillo un paquete de tabaco, prendió una cerilla. Al encender el cigarrillo se dio cuenta de que le temblaba la mano. Sentado frente a él, Rana seguía con gran interés sus movimientos.
Haruki Murakami, Después del terremoto, fragmento
Casa tomada, siente horror la casa tomada, ensaya una mueca ....
Se sacude, resopla, cruje, recuerda otoños y veranos de belleza y felicidad, canta
esta casa tomada ... Se oscurece y ahora espera ...
miércoles, 28 de octubre de 2015
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