miércoles, 3 de marzo de 2010

Placeres mínimos ...

Alivia mi alma, haz que sienta que tu mano está cogida de la mía, haz que sienta que la muerte no existe porque ya estamos en verdad en la eternidad, haz que sienta que amar no es morir, que la entrega de sí mismo no significa la muerte, haz que sienta una alegría modesta y diaria, haz que no te indague demasiado, porque la respuesta sería tan misteriosa como la pregunta, bendíceme para que viva con alegría el pan que como, el sueño que duermo, haz que tenga caridad hacia mí misma pues si no, no podré sentir que Dios me amó, haz que pierda el pudor de desear que en la hora de mi muerte haya una mano humana para apretar la mía.
Clarice Lispector

rios de sal, tantos sentimientos que nacen desde donde?
cambio ahora el objeto de mis deseos, alivia mi alma por favor ...
sostenme,
epifania de despertar, una palabra, una sola,
bendijo mi entrada en la eternidad, ahora sé.

1 comentario:

  1. Ahhh! Pero qué bueno qué bueno qué bueno es esto! Sí, la respuesta es tan misteriosa como la pregunta. Tiene una habilidad para no saciar que es casi redundante.

    Como el objeto de los deseos. Por eso no importa que cambie ese objeto, Fre. Porque de todos modos la incógnita no se despeja nunca. Antes preferirá volver a cambiar y cambiar, para que nada cambie.

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